Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de abril de 2012

La ventana

Y ya no tengo mas que esperar, nada con qué entretenerme 

C. Monet. Impresión Aterdecer. 1872


Una luz tenue corresponde y logro ver la grácil cortina que va formando la lluvia al caer.
Solía mirar tras el cristal, cada día, a la misma hora, ilusa por conseguir ver la sombra del eco.
Aquel día mi corazón presuroso corrió al diván, premiaba el deseo, el tiempo era propicio y la sala acompañaba en su silencio, podría esperar.
-Mientras, en la espera pensaba en aquello que fue un día, dos podrían haber sido, pero no fue. Pensaba en la incapacidad de realizar lo mas deseado, en la espera de lograr aquello por lo que apenas se ha luchado en fuerza mas la confianza engrandecía el poder hacer-
 El motor me hizo volver a la realidad, un gélido espinar atravesó mi corazón, algo era diferente, podía sentirlo. He sabido agudizar un sexto sentido que constriñe lo mas puro. Mientras, la sombra iba aproximándose y supe que no sería grato, su andar, su semblante, todo hablaba menos sus labios. Pude leerlo en el brillo de sus ojos, fuerte ante el dolor reprimió las lágrimas.

Lágrimas que finalmente brotaron al tocar mis labios, los suyos rasgaban los rayos de un atardecer que pedimos fuera eterno.

viernes, 10 de febrero de 2012

Serpentinata

Crepúsculo de esencias tiernas sin ti, sin tu aroma, presenciando el vapor que emana de árboles sin tronco, flotantes en medio de la nada, envueltos en la bruma de fauces oscuras punteadas con luceros, lejos, muy lejos allá, en aquello que llaman firmamento, nubes negras en un manto oscuro sin tonalidad permanente. Así es tu aliento en mi cauce, apenas siente, respiras presenciando el horror que causará tu partida, irrevocable en medio de los tiempos , obsoletas quedan ahora tus palabras, de nuevo intentas, balbuceas pero nada, tu aliento se impregna con el olor de sauces marchitos, con aullidos de lobos sin guarida, con la desesperanza de un corazón a tu alcance pero resquebrajado, 
siempre juegas con la misma moneda castrada.

"El rapto de la sabina". Giambologna. 1582
"Cuando Rómulo fundó Roma, quería que los pueblos se unieron a su gran ciudad. Para instar a los sabinos, pueblo muy poderoso de la región, a unirse, raptaron a todas sus hijas para que se casaran y se quedaran en Roma. El momento elegido para el grupo escultórico es el rapto de una de las jóvenes, mientras su padre no puede hacer nada y mira horrorizado, tapándose la cara."

 "La sabina, de rostro compungido, intenta liberarse de su captor y horrorizada se escurre entre sus brazos. Como si de una llamada de socorro se tratase, su brazo izquierdo se levanta hacia el cielo, ejerciendo una fuerza centrífuga en la escultura."



Entre rocas chasquean las gotas de la lluvia pasada, a estas alturas ya heladas rompen y moldean suelos kársticos, no dejarán presencia, no es necesario...

rodillas que tiemblan a tu paso, ni siendo columnas mantendrían estabilidad,  en cambio continúas siendo estoico, ecuánime ante la desgracia, precioso.