Te contaré lo que vivo, lo que veo, lo que sueño, quizás.
Todo se fusiona y percibo nuevos espacios que en mi recuerdo vagan como si alguna vez los hubiera palpado ha.
Sus gritos retumbaban en aquella estancia, sus rostros marcados por la efusión de la alegría brincaban al mismo tiempo que repetían una y otra vez mi nombre. Al verlos de lejos me sorprendí cuánto pueden cambiar sus pequeños cuerpos en tan poco tiempo y me pareció que la distancia había calcado su caminar. Solté los bultos y enseguida me vi arropada por aquellos brazos. Cuánto había deseado ese momento, los días acontecidos sin su presencia parecían haber sido interminables. De nuevo estaba en casa, el lugar de residencia había cambiado pero al estar con ellos de nuevo me sentía en mi hogar.
Somos vulnerables al porvenir, sin saber dónde plantamos van granando las piezas a su tiempo, en su medida, y ahí nos encontramos, caminando al son del tictac, sin pausa, destruimos y construimos en un alcance infinito, siempre juntos.
La nueva casa es inmensa, no quiero detenerme en la disposición de los enseres pero si de las estancias. Al cruzar el umbral a mano derecha una barra americana corta el espacio de la entrada y entre grandes ventanales la luz no priva de color la cocina. Seguimos hacia delante, el azulejo del suelo refleja las pisadas al son de una perfecta armonía entre los colores que adornan los cuartos en disposición a la decoración preconcebida. Es curioso el pavimento, la vivienda alterna azulejo brillante, tosco para la habitación conyugal y madera para el resto. El salón fácilmente alberga 60m cuadrados, en la esquina izquierda una chimenea engastada con azulejo granate combina con el color de la madera que reviste el pavimento. Al fondo, grandes cristaleras dan a conocer lo más hermoso de la vivienda. Un patio exterior, de unos 100m cuadrados da de bruces con un paisaje espectacular. Tenemos una gran ventaja, la altura, suficiente como para apreciar la naturaleza por encima de la planificación urbanística de viviendas […].
Hoy las nubes eran como esponjas, algunas blancas, otras cargadas de lluvia. El sol cubría mi posición a unos 35º del horizonte. Días así no son comunes, normalmente el día se presenta gris y la lluvia amenaza componiendo la melodía de un nuevo amanecer. La letra la marcan al paso de sus quehaceres, el clima no parece condicionarles. Por ese rocío es que la vista descansa en estos prados, a penas 100m vacas pastando, caballos por doquier. Es hermoso, viven libres, la zanja que pone limites es tan amplia que ni siquiera creo que den cuenta de sus trotes.
Estos días pude disfrutarlos a conciencia, hay un camino al borde de la carretera que lleva hacia el pueblo, no existe acera, vas caminando sobre tierra mojada al borde de los muros que cercan las casas. Abordados por matojos y hierbas verdes sientes la lluvia bajo tus pies mientras deslizas los dedos por paredes altas impregnadas de musgo, ese aroma tan peculiar, tierra húmeda, gentes adornadas con paraguas, cielos cubiertos o despejados, da igual, tu vas paseando puestos los ojos en todo y en nada, pensando, eso es todo.
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